"Sometimes being a bitch..." 04/16/2012
Leí el primer capítulo de “El maricón o los señores de la noche” de Iván Silén porque me intrigó, después de leer las 51 reacciones al comentario de Yoryie Irizarry en facebook. Poseo una extraordinaria habilidad para la comprensión de lo leído. No tuve ningún problema en leer y “comprender” este texto (el proceso de decodificar); y busqué, estuve atento, al momento en que me confrontara, me molestara, se asociara con algún conocimiento previo… pero nada. No me hizo ni jí. Yo sé si un texto es bueno cuando me provoca esa cosquillita en el estómago, como dice mi amigo Julio García, más allá que si me gusta o no me gusta o estoy de acuerdo o en desacuerdo. Le di una segunda lectura, esta vez con 3 marcadores de colores para ver si descuartizando a esta bestia imaginaria podría descubrir cuál era la cabeza y diferenciarla de los pies. Por lo que comprendí, para hacer el “ensayo” largo, corto, Silén trata de definir y diferenciar al “maricón” del “homosexual”. El primero es “oscuro, traidor, colaborador, chismoso, chota, lioso, despersonificado, asimilado, gusano, marchito, burgués, asimilista, transculturalizado”; además, “vive atrapado, es pecador, figuerea, son la fuerza consumada del mal, se vende a símismo, se enriquece del odio, es fanfarrón se odia a sí mismo, es ficción de sí mismo y planea[1] (¿cómo los aviones?) , el asesinato del homosexual”. Continúa [cosa bárbara el abuso de adjetivos] con “avaro, cutre y estíptico”. El maricón es el que “trafica, desvaloriza, cretina y falsifica” al homosexual. Compara al “maricón” con el machismo y el sionismo[¿?]. (No puedo evitar contrastar que Nemesio R. Canales nos llamaba a imitar al "invasor" para despojarnos del machismo arcaico de nuestra herencia hispana en "Nuestro machismo".) En contraste, el homosexual es “una forma de ser”, “un ente radical”, “una rosa (peligrosa) [¿?] y “tiene miedo de de hallar el maricón en el camino político de su maldad […]”. Sobresalen, por lo inconexo, lo siguiente: “El ‘gay’ a veces es Yago, es la mugre a lo decrépito del homosexual y del heterosexual mismo”; “El sodomita es el tecato de la esperma derramada. Es el criminal del ‘hombre decente’”. Por otro lado, se parta de la ya ofrecida definición de “homosexual”para decir que: “Pero el homosexual es el dolor y la angustia de esta sulamita[2]”;“El pederasta no puede asumir políticamente al homosexual, porque está denigrado…” El “ensayo” tiene sus momentos en que uno casi puede ver, como retrato del “maricón”, a Rodríguez Emma, Carlos Sánchez y Roberto Arango. Pero, la realidad es que el texto no logra conceptualizar, más allá de la tiraera regetonera contra conocidos suyos, figuras literarias y académicas, la diferencia entre “homosexual” y “maricón”. Primero, porque esos conceptos nunca han estado claro en el español puertorriqueño. Si bien es cierto que “maricón” en el uso general del diario vivir significa “bruto, débil, erróneo, imprudente y los menos casos, homosexual”; la palabra “homosexual” no es de uso ordinario en Puerto Rico ya que se ha “asimilado”,al igual que en la mayoría de Iberoamérica, el término “gay” o “gai”. Dentro de los mismos círculos intelectuales gay del país no hay un consenso sobre el uso de la palabra ya que muchos la consideran un término médico y científico que nada tiene que ver con la “política de orientación sexual”. En Puerto Rico para insultar se usa “pato” que no es lo mismo que “maricón”. (De la palabra “pato” podríamos estar hablando y teorizando mucho.) Me parece que la inhabilidad para lograr conceptualizar o cuajar el discurso, (o tal vez, de ser entendido por el lector ideal), radica en que dicho discurso no es queer, sino político. Trataré de explicarme. Experimente, compinche lector, con el texto. Elimine toda referencia a “homosexual”. Se quedará con un “ensayo”[3] muy diferente en que se nota la intención del autor en definir, categorizar o ridiculizar a ciertas figuras públicas (políticos, intelectuales, escritores, artistas, etc.) como “maricones”, o sea, débiles, traidores, frívolos, oscuros, farsantes, burgueses, asimilados, etc. A mí me parece que ese es el discurso. Por qué mezclarlo con un discurso queer que a todas luces no domina, no entiendo. ¿Para transgredir? ¿Llamar la atención? ¿Decir algo de lo que se está diciendo para no quedarme fuera? ¿Una metonimia que queda oscura para algunos lectores? ¿Se supone que le busquemos las 5 patas al gato? Nos quedamos con un discurso, no enajenante, sino enajenado. ¿Quién en el 2012 (posmoderno, poscolonial y posmtv, si eso significa algo) habla de chotas, asimilados, traidores de la patria, burgueses y colaboradores? Eso es tan posretro que ni entretiene. ¿Cuál es la necesidad, en esta etapa, si es que la intención era un discurso queer, de definir la diferencia entre “maricón” y “homosexual”? (Retomemos Teoría 101: diferencia entre “mujer” y “MUJER”). El discurso queer va mucho más adelantado que eso en Puerto Rico. Llegar a la conclusión de que el texto es homofóbico es darle el crédito de que dice “algo”. El texto no dice nada porque adolece de tres fundamentos básicos que debe tener toda oración, párrafo o ensayo y que yo les enseño a mis estudiantes “prepas que llegan sin las destrezas básicas de lenguaje” en el salón de clases: unidad, coherencia y claridad. Se queda limitado a una verborrea que intenta alinear a aquellos con los que no está de acuerdo (que a todas luces parece que es todo es mundo) y eso está kool, hay gente que pierde tiempo en eso porque lo que los motiva es el coraje o la rabia. Como decía Vera Donovan en “Dolores Clairborne”: “Sometimes being a bitch is the only thing you have to live for”. Esa es la esencia que se queda con el lector. Podríamos cuestionar la razón para publicar un texto como este. La realidad es que todo tiene su público y su espacio. Tal vez la intención es que provoque la reacción. Yo, como editor, solo publico textos que sean cónsonos con mi filosofía, con el fin, con la misión y visión, que pueda verse el catálogo de la editorial como un “discurso”. Pero hay libros que se publican por compromisos, por amiguismos y muchas otras razones. Teniendo en cuanta la honrosa tradición que tiene el ensayo en Puerto Rico, me atrevo a decir que me llega a molestar, como lector, que se use el término, que invita leer con la expectativa de aprender, para despotricar sin ningún fin sublime o constructivo, y se le llame literatura. [1] Un error léxico. Se debe usar“planificar”, o sea, “hacer plan o proyecto de una acción”. [2] Nombre femenino hebreo que significa: sumisa, obediente, pasiva. En este texto se puede interpretar como otra forma de nombrar al homosexual como ente pasivo, débil o pasivo sexualmente. [3] Vuelvo a usar “ensayo” así entre comillas porque tengo muchos problemas con la estructura. No lo catalogaría como ensayo. 3 Comments Mirando desde afuera 4: lúdico 03/29/2012
Escribir literatura queer no debe ser una agonía, los temas no tiene porque tener el tono sombrío, trsite, serio o extraño. Los recursos literarios de la ironía, el sarcasmo, la satírica, la hipérbole y la burla son herramientas útiles a la hora desarrollar un texto con el propósito de denunciar o llamar la atención sobre una problemática. Es eficaz también porque puede llevar el mensaje entreteniendo. Recordemos que la literatura es lúdica también. Para un ejemplo les recomiendo leer el cuento breve “La verdadera historia del Patito Feo” aquí mismo en el blog. Para este cuarto ejercicio de “Mirando desde afuera”, les convoco a desarrollar un texto breve que tome como base un cuento o personaje popular infantil y denuncien, critiquen o saque a la luz algún tabú sexual o social. Mirando desde afuera 3: confróntate 03/24/2012
Todo escritor que quiera escribir literatura queer tiene que enfrentar sus propios tabués. Antes de confrontar al lector con un texto,tiene que confrontarse con aquello que lo hace sentir incómodo. Explorarlo, imaginarlo, vivirlo. De esa confrontación debe resultar un texto con tonos que deben impresionar al lector. Uno de mis grandes retos como hombre gay era reconocer, entender y respetar, no solo la orientación sexual, sino que también la identidad sexual de las personas. Por eso escribí "La noche de los raros". Una exploración de los cuerpos, deseos y placeres de 2 personas en los cuerpos equivocados. Para esta tercera entrega de "Mirando desde afuera" identifique un tema que le hace sentir incómodo, que rechaza, que no entiende, un tabú y explórelo escribiendo un texto breve. Atrévete. La literatura queer es transgresora. Viola las normas establecidas por la sociedad. Lo que la sociedad no quiere que se hable, se practique o conozca, se etiqueta como tabú, ilegal o inmoral. Pero para la literatura queer no hay etiquetas,todo se vale; busca, precisamente, violar las normas y explorar el territorio prohibido. Comosegundo ejercicio de “Mirándolo desde afuera”, escoja un tema que sea tabú, prohibido o catalogado como inmoral por la sociedad (esto puede variar de lugar en lugar) y escriba una narración breve. Si quiere llevarlo a otro nivel, narre usando estructuras noveles. Mirando desde afuera 1 03/07/2012
La literatura Queer trata, como ya hemos discutido, sobre la “otredad”. Esos entes, actantes, personajes o individuos que se quedan fuera del círculo de poder, fuera de “la ley del padre”, fuera de lo aceptado por la sociedad, para los que se pide tolerancia. Para un escritor y escritora, que decida explorar la literatura queer, el primer reto debe ser ponerse en los zapatos, botas, sandalias, tacones o pies de ese “otro””otra”. El primer ejercicio de Mirando desde afuera consiste en lo siguiente: Ejercicio #1 Escriba una narración en primera persona sobre un personaje que esté cobrando consciencia de que es “diferente”. La verdadera historia del Patito Feo* 02/17/2012
Los padres del Patito Feo lograron abrir la puerta de su cuarto justo a tiempo, antes que el adolescente se suicidara ahorcándose del abanico de techo. —¿Por qué has hecho una cosa como esta, querido hijo?— interpela la madre entre sollozos a su hijo en su regazo. —Porque no puedo más,— contesta el Patito Feo— no aguanto más la burlas, no aguanto más que me griten “pato”… Yo quiero ser normal como los demás, como mis hermanos y compañeros de escuela. Yo, al igual que ellos, quiero ser amado, ser feliz, tener un hogar y una familia… ¡Oh mundo cruel! —Rosenda, creo que es tiempo de que le digas la verdad a tu hijo. —¿La verdad? ¿Qué verdad?— interrumpe el patito feo. —Junior, hijo mío… —Sí, madre… —Fernando Luis no es tu padre… —¡NOOOOOOOO! ¡No puede ser verdad! —¡Si, es verdad…! Tu verdadero padre…¡Oh Virgen del Carmen, dame las fuerzas…! Tu verdadero padre es… es… es un pato. —¡Noooooo!— gritó desconsolado el Patito Feo. —Sí, debes aceptar la verdad aunque sea dolorosa. Yo era muy joven y él vivía en el estanque del jardín de mis padres. Fue amor a primera vista. Mis padres juraron nunca aceptar la relación y trataron de enviarme a un convento muy lejos a estudiar, pero yo fugué con él sin saber que mi padre nos perseguía y de un tiro certero lo mató. Yo quedé sola, desconsolada. Unos meses después naciste tú y Fernando Luis asedió a casarse conmigo y te ha criado como a un hijo. —Entonces… soy pato, hijo de pato… ¡Miserable de mí! ¡Qué infeliz soy! —¡No! No tienes por qué ser infeliz,— interrumpió el hombre que ha conocido como padre— no eres el único pato, hay muchos patos igual a ti que son felices, personas de bien que viven su vida a plenitud porque se han aceptado como son. —Perdónanos, hijo, por tratar de hacerte creer que eras como los demás— le dijo su madre—cuando en realidad lo que te hace especial y maravilloso es tu patería. —Si, hijo. Te amamos tal y como eres y te apoyaremos en todo para que seas feliz. No tienes que sentir vergüenza de ser un pato. Verás como conoces a otros patos y tendrás nuevas amistades tan patas como tú… Aprenderás a ser un hermoso y fabuloso pato… y luego un hogar y la felicidad al lado de otro pato que te ame. —Pero…, pero, ¿y las burlas?— preguntó el Patito Feo incrédulo. —Tienes que hacerle frente, marcha hacia ellos y con la cabeza erguida y el pecho inflado decirles: “soy pato y qué”.— le dijo su padre firmemente. —¡No!—Interrumpió la madre, horrorizada.— No puedo quitarme de la mente la imagen de tu verdadero padre desangrándose de un tiro solo por ser pato. Debes de tener mucho cuidado, muchos te odiarán y no querrán aceptar que tú también tienes derecho a ser feliz, aunque seas pato. —No te preocupes madre, yo sabré defenderme. Me convertiré en un pato activista y lucharé incansablemente hasta conseguir que se respeten nuestros derechos a ser patos y buscar nuestra felicidad. —¡Oh hijo mío! Estamos tan orgullosos de ti. *Cualquier parecido con la realidad es pura purísima coincidencia. Antojo de luna 02/15/2012
me antojo de un beso cálido de luz de luna del llanto arrullo en noche serena me antojo de ser la virgen degollada la sombra dibujada del sátiro agitado me antojo de ser el agua bautizada que lame tu piel de muerte herida de ser poeta peregrino y narrar con tu sangre mis maldades me antojo de tocarme el seno lujurioso cruzar el umbral de mis quejidos de morir y de renacer bañado iluminado por el antojo de luna No le dije adiós 02/15/2012
Lo vi entrar. Cualquiera diría que lo esperaba porque me pasé la noche pendiente a la puerta. Cada vez que se abría, miraba como si estuviese esperando a alguien. Y aunque no lo esperaba ver esta noche, lo sentí como lo más natural, como si tuviésemos una cita y él estaba llegando, aunque tarde… y borracho… Pasó de largo tambaleándose, no me vio, ni tan siquiera se acercó a la barra a pedir un trago, lo que me hubiese dado la oportunidad de acercarme y saludarlo. No, siguió derechito hacia el cuarto oscuro. Le seguí con la mirada, se detuvo, como otras veces, en la esquina frente a los baños, solo unos breves segundos. Para mí esa era la señal, la señal de que me buscaba, de que esperaba que estuviese listo para recibirlo, de llenarlo de besos, acariciar su pecho velludo, sus molleros, oler el Old Spice en su cuello, sentir el roce de su barba de dos días, caer postrado y adorar su hombría… la que me dio vida y me hizo lo que soy ahora. Lo alcancé cuando se lo tragaba la oscuridad y me mantuve cerca. Una vez adentro nos azotó una manada de roces y quejidos y antes que se perdiera lo tomé de la mano, reconoció el toque de la mía, la apretó y se dejó llevar. Encontramos la esquina, se tumbo contra la pared y como siempre, metió las manos en los bolsillos. Fueron mis dedos los que violentaron los botones de la camisa y recosté mi rostro sobre el pecho velludo, aspiré su fragancia de macho, de bestia humana, esa mezcla de Old Spice, sudor y wiskey, lo abracé por la barriga, redonda y dura, me revolqué en su cuello, besé su barbilla y seguí bajando besando esa línea recta que conecta todos sus universos con los míos, bajé hasta tener mi cara frente a la cremallera del mahón oloroso a pintura y a polvo. Era siempre él el que sacaba las manos de los bolsillos, se abría la correa, el botón, la cremallera, se bajaba el pantalón y el calzoncillo un poco y abría las piernas lo suficiente para que no resbalaran hasta el piso y volvía a depositar las manos en los bolsillo. El resto me tocaba a mí. Como en ocasiones anteriores, esperaba un poco antes de poseer el objeto de mi deseo. Me permitía ser embriagado por su mustio aroma, de sentirlo pulsar casi rosando mis labios…entonces venía el beso agrio en una boca hecha un charco de saliva… de dejarle saber que lo amaba. Lo dejaría ir a toda prisa, sin despedirse, después de sujetar mi cabeza y vaciar tu esencia en mi garganta, de temblar y soltar ese quejido mudo, uno solo. Yo saldría detrás, un poco distante, para verlo huir por la puerta, verlo alejarse por la acera y cruzar la calle mirando a todos lados menos atrás. Llegaré a casa, le comentaré a mi madre tirada en el sofá viendo alguna novela vieja y gastada en televisión que volví a ver a mi padre y ella me dirá como siempre que espera que no le haya hablado, que no le haya dicho ni el adiós, porque ni eso se merece ese desgraciado borracho. —No, madre, no le dije adiós. Escritura en la pared 4 02/12/2012
Escribir la segunda novela de la serie Profecías está siendo un proceso muy diferente a escribir Ojos como de hombre. Primero que nada, en aquel momento estaba escribiendo una tesis de la cual el 85 porciento luego se convirtió en el texto publicado. Tenía un comité de tesis que me daba opiniones sobre todo. Excelentes consejos. Recuerdo ese periodo como uno de mucho aprendizaje. Recuerdo también que lo que se convertiría en Ojos como de hombre ya existía en mi mente hacía mucho tiempo, mucho antes de comenzar a estudiar la maestría que me dio las herramientas para narrar profesionalmente. Sánchez, Marrero, García, La Senda Antigua y casi todo lo demás se estaba cuajando en mi mente por buen tiempo. Por eso decidí escribir una serie. Ya saben que tuve que abandonar la novela que tenía formada porque la historia no encajaba con Ojos como de hombre. Presenta a un Sánchez preocupado por otras cosas, en otro momento de su vida, más seguro de sí mismo, más maduro y fuera del clóset. No hubiese sido verosímil como una segunda novela de esta serie. Podría ser la tercera, quien sabe, o tal vez la primera de otra serie una vez termine esta. Les adelanto que hubiese sido un “palo” publicitario en año de elecciones. La novela que escribo, (que por ahora tiene el código “escritura en la pared” porque no tiene título) es una idea nueva. Bueno, no tan nueva, la tengo en el archivo mental desde que leí la noticia y me pareció un crimen ideal para que Sánchez ysus “sidekicks” Marrero y García investigaran. Por ahí voy. La otra diferencia marcada en este nuevo proyecto literario es que ya soy un escritor maduro. Después de publicar Delirios de pasión y muerte, Ojos como de hombre, participar activamente de Homoerótica, ganar algunos precios y reconocimientos y dirigir talleres, no me afligen las mismas inseguridades ni temores. Me atrevo a decir que escribo con más confianza y seguridad. Tomo más riesgos también. Sin poder cambiar mucho el estilo, recuerden que es una serie, sí se notará cierto mejoramiento, si podemos llamarle así, al estilo de Ojos como de hombre: una acción rápida, capítulos o pasajes cortos, ausencia de descripciones, mucho diálogo coloquial y el rompimiento de algunas pocas reglas gramaticales y ortográficas (o como le llamo: licencias). Todo esto para crear un estilo casi cinematográfico. De hecho, varias personas que criticaron literariamente a Ojos como de hombre me recomendaron que la sometiera a la corrección de estilo por algún profesional. Varios se ofrecieron muy gentilmente por lo que siempre estaré agradecido. La idea no me gustaba y no era por arrogancia. Pedí un ejemplo deunas cuantas correcciones y me di cuenta que (esta vez) estaba en lo correcto. Muchas de las correcciones le quitaban algunos elementos del habla puertorriqueña que estaba ahí por una razón específica. Muchas personas se sienten incómodas con el español puertorriqueño en un texto literario. No necesariamente por vergüenza ni sentido de inferioridad, aunque tampoco se puede descartar eso. Sino porque, como me aconsejaron, pierde “internacionalización”. Yo opino lo contrario, creo que el lector contemporáneo en contacto virtual con todos los acentos, lenguajes, culturas, anhela leer literatura regional, culturalmente identificable y no una neutral sin personalidad. Veremos quiéntiene la razón. Cuando Truman Capote escribió "A sangre fría", una novela negra del subgénero true account, hizo una reconstrucción novelada de un crimen que estremeció al país americano en la década dorada y perfecta de los 1950. Logra deconstruir el sueño americano, derriba la falacia de que este era accesible a todos al narrar, no solamente la vida torcida y desventajada de los asesino, generando cierto grado de simpatía, pero también los detalles íntimos de una clásica familia americana que detrás de su fachada de perfección, tenían también sus trapos sucios. Así que, más que una narración sobre un crimen, más allá del morbo, hay una radiografía transversal de la sociedad estadounidense que todavía está vigente. La novela negra siempre ha servido para eso. Más allá del entretenimiento que ofrece (y lo ofrece), sirve para "fotografiar" la sociedad; y si está bien desarrollada es el propio lector el que "revela" la fotografía. Sir Arthur Conan Doyle, ciertamente uno de los maestros de la novela de detectives y padre literario del más famoso de ellos, Sherlock Holmes, se valió de esas historias y de su famoso personaje para criticar la moral victoriana, la monarquía, el imperio, la guerra, el trato inferior a la mujer y la religión, entre otros. Desafortunadamente el Sherlock Holmes y Dr. Watson que la mayoría de la gente conoce son producto de las adaptaciones cinematográficas y de televisión que eliminan casi todos estos elementos de la narración. Más desafortunado es el hecho que, como en casi toda latinoamerica, en Puerto Rico no se aproveche más el género porque aquí hay mucha tela para cortar. Es por estas y otras razones que el autor de novela negra tiene que estar bien sintonizado a lo que está pasando en el país. No solamente los crímenes, eso es morbo, sino la mentalidad de la gente, la política pública, los niveles de tolerancia, el estado de la lucha, permanente, entre clases, etc. El acto criminal, el, la o los criminales, la investigación, el investigador, el cómo, el porqué, el cuándo y la solución sirve de barómetro, de cámara, para que el lector "vea" lo que de otra forma vería fragmentado. Anoche me senté a narrar ese segundo capítulo, el que sirve para introducir al detective y nada tiene que ver con la trama. Siempre he sido muy cuidadoso en mis personajes, no me gusta decirle al lector cómo es, ni tan siquiera su apariencia, prefiero que lo saquen del mismo texto. ¿En qué cree este hombre? ¿Cómo piensa? ¿Cuáles son sus virtudes? ¿Cuáles son sus manías, puntos de vista, ideas políticas, religiosas, filosóficas? Que se noten sus puntos débiles, en fin, su humanidad. En "Ojos como de hombre" era necesario dejar claro que Manuel Sánchez Osorio era una persona poco convencionar, que veía el mundo desde fuera de la pecera (metáfora que tomo prestada de "Fúgate" de Marta Aponte Alsina). Ese capítulo tiene otra función e importancia. Tiene que crear el ambiente y el tono para el resto de la novela. ¿A qué nos estaremos enfrentando? En "Ojos como de hombre" era la violencia de género y los que ya la han leído se darán cuenta que ese capítulo en que Sánchez entra como mediador a la escena del supuesto "secuestro", establece el ambiente y el tono del resto de la novela, además de dejarnos saber quién y cómo es este hombre. El lector decide si le cae bien, si va a confiar en él o no. ¡Ah! casi se me olvida. Estoy escribiendo novelas en serie, por lo tanto, es en este capítulo en que tengo que unir lo que vino antes con lo que viene después y darle a ese lector que no ha leído "Ojos como de hombre" suficiente información para conocer a los personajes y no dejarlo en desventaja. Así que el tercer consejo para cualquier escritor de novela negra es el siguiente: a) tiene que ver, escuchar, leer noticias, comentarios y análisis de noticias, sociales, políticos. Tiene que tener el "oido pegado en la tierra" y saber que opina la gente en el trabajo, en la guagua, en las reuniones familiares o de amigos, y el muro de Facebook; b) conozca la fórmula, domínela, hay miles de trucos narrativos, pero todo en la novela negra tiene que estar fríamente calculado y como el Chapulín Colorado, lo tiene que sospechar todo desde un principio. Como nunca dijo nuestro querido Sherlock Holmes: "-es elemental, mi querido Watson." |








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